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aquel día, durante el recreo

Aquel zumbido aún retumbaba en mi cabeza, mientras mi mirada se arrastraba perdida entre los intrincados y horripilantes diseños de las baldosas de aquel pasillo. Todo lo demás era como si no existiera, no del todo al menos: como a una distancia indefinida que hacía que nada pesase, que todo se sintiera lejos e irreal. aquel día, durante el recreo

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Ausencias

Tumbado en la cama, de lado, se quedó mirando en la penumbra a la mesita de noche, a su superficie vacía. Esa misma tarde había quitado por fin tu foto de allí. Porque, por alguna razón, hoy se percató de que allí seguía después de todo este tiempo, y le dio rabia. Así que la Ausencias

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El sofá rojo

Su rojo, insultante, se vuelve más rojo sobre el azul turquesa de la pared contra la que está. El azul llegó primero, y trajo al rojo. Ni el uno ni el otro se parecen a mí. A veces me gustan, a veces los odio. Aunque ya casi nunca les presto atención, a ninguno de los El sofá rojo

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Tu mensaje en la arena

El rastrillo metálico peina la arena de la pequeña cala con un exasperante ruido de piezas mal encajadas, chocando entre sí, que se mezcla con el del motor del tractor que lo arrastra. Él lo observa irritado desde el muro que separa la playa de la ciudad. La maloliente ciudad, dormida en un silencio insoportable. Tu mensaje en la arena

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El sacrificio

– Ven conmigo – le susurró. Tenía tanto miedo que tuvo que apretar los dientes para no echarse a temblar. No podía echarse a temblar. No podía permitir que nadie se percatara de ese miedo que crecía dentro de ella, que nacía en algún lugar entre sus tripas, y que sentía como una masa negra El sacrificio

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El muerto

Estaba de pie, bajo el dintel de la puerta, incapaz de mover uno sólo de los músculos de mi cuerpo, con la mirada fija en dirección al centro de la habitación. Ni siquiera podía parpadear. En el suelo del salón, donde no había nada cuando salí de la casa, hacía apenas veinte minutos, estaba tirado El muerto

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