{"id":44,"date":"2021-09-07T17:59:28","date_gmt":"2021-09-07T17:59:28","guid":{"rendered":"http:\/\/writing.alejandronunez.com\/?p=44"},"modified":"2021-09-08T11:07:14","modified_gmt":"2021-09-08T11:07:14","slug":"tu-mensaje-en-la-arena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/writing.alejandronunez.com\/index.php\/2021\/09\/07\/tu-mensaje-en-la-arena\/","title":{"rendered":"Tu mensaje en la arena"},"content":{"rendered":"\n<p>El rastrillo met\u00e1lico peina la arena de la peque\u00f1a cala con un exasperante ruido de piezas mal encajadas, chocando entre s\u00ed, que se mezcla con el del motor del tractor que lo arrastra. \u00c9l lo observa irritado desde el muro que separa la playa de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>La maloliente ciudad, dormida en un silencio insoportable. Como el aliento mudo de una jaur\u00eda de bestias, agazapadas, cerc\u00e1ndolos a la arena y a \u00e9l, listas para abalanzarse sobre ellos, con sus garras de asfalto. Sobre los lomos, una colecci\u00f3n de ata\u00fades de hormig\u00f3n, apilados unos contra otros, donde todos los hombres y mujeres del mundo, tambi\u00e9n t\u00fa, dorm\u00eds sin saber que est\u00e1is muertos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l no hab\u00eda dormido en toda la noche. Lo intent\u00f3. Pas\u00f3 mil horas peleando contra las s\u00e1banas: tent\u00e1culos blancos de pegajoso sudor que le asfixiaban cada vez que intentaba cerrar los ojos. Ley\u00f3 tu mensaje, una y otra vez. Hasta mil veces. Hasta que tus rotundas palabras abandonaron sus significados y ya no era capaz de entenderlas. No tuvo m\u00e1s remedio que rendirse, despu\u00e9s de horas que parecieron una eternidad.&nbsp; Sali\u00f3 de casa, en plena madrugada, urgiendo un aire que se dejara respirar.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus pies cuelgan del lado de la playa, a medio metro de la arena. La vista fija en el rastrillo, mientras se enciende un cigarro. No sabe decir cu\u00e1ntos lleva desde que se sent\u00f3 aqu\u00ed. Cuando lleg\u00f3, el cielo estaba completamente negro (todo lo negro que llegan a ser los cielos de ciudad, que nunca son del todo negro), y ahora un p\u00e1lido azul se empieza a asomar por lo bajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta peque\u00f1a cala, rodeada como un animal indefenso, le devolvi\u00f3 un poco la calma que le hab\u00eda estado esquivando durante toda la noche. La arena ca\u00f3tica y libre, en su desorden de peque\u00f1as colinas y valles, testigo de millones de pisadas an\u00f3nimas, le alej\u00f3, por un instante, de ti. Ahora desaparece bajo el metal, convirti\u00e9ndose en ceniza, en cemento, en vac\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Surcos conc\u00e9ntricos de una uniformidad infecta se van dibujando en una espiral que crece de fuera hacia el centro. El lecho de un r\u00edo muerto que avanza, anegando poco a poco la \u00fanica tierra firme que queda en el mundo. Conforme la espiral se va completando la realidad se hace m\u00e1s peque\u00f1a e invisible; el vac\u00edo a su espalda, m\u00e1s presente e inevitable.<\/p>\n\n\n\n<p>Busca la mirada del que dirige al tractor a trav\u00e9s del cristal de la cabina y la fina capa de polvo que la cubre. La s\u00faplica en su mirada solo encuentra una borrosa silueta y un rostro sin facciones. Sobre ese rostro se dibuja imposible una sonrisa burlona, que de grande se sale por los lados, y que no para de crecer. Los infinitos dientes que la llenan, que se multiplican por momentos, apilados y apretados como los ata\u00fades a su espalda, se r\u00eden con voces que le son familiares, dici\u00e9ndole sin palabras lo que los dos saben. Es inevitable. No har\u00e1 nada por evitarlo. Y sigue recorriendo la espiral.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que queda ya de playa cabr\u00eda entre las palmas de sus manos. Una peque\u00f1a isla a punto de ser devorada. Le pide a un Dios que sabe falso que salve ese peque\u00f1o trozo de arena. Que le salve. Como \u00fanica respuesta, un silencio que detiene el tiempo, en el mismo instante en que la isla desaparece bajo el metal. Un grito ronco se le escapa por los o\u00eddos, incapaz de atravesar el silencio. El vac\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>El aliento del abismo, que tanto hab\u00eda hecho por ignorar, se abre paso a trav\u00e9s del silencio y le sopla, c\u00e1lido y h\u00famedo, en la nuca. Lo inevitable le arrastra hacia \u00e9l. No quedan fuerzas para resistirse. En un \u00faltimo impulso de miedo y hu\u00edda, huye de un salto hacia la arena bajo sus pies.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sin saber todav\u00eda bien por qu\u00e9, dirige sus pasos hacia el borde del surco m\u00e1s externo de la espiral, y empieza a recorrerla con los pies descalzos. Pisa despacio y suave, para no dejar huella; para que ni el mar se de cuenta; para que la mentira, m\u00e1s tarde, parezca menos mentira. No levanta la mirada ni un instante, para que nadie le vea.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En el centro de la espiral el tiempo vuelve a detenerse. El aliento del abismo, desde el otro lado del muro, le grita susurros de futilidad, que resuenan con los suyos propios. Sin embargo, su pie derecho se levanta unos cent\u00edmetros del suelo, para acto seguido caer sobre la arena. Le sigue el mismo movimiento repetido, esta vez del pie izquierdo. Empieza a patear, cada vez con m\u00e1s \u00edmpetu, m\u00e1s r\u00e1pido, girando sobre si mismo mientras sus pies dibujan colinas y valles nuevos en la superficie. Una peque\u00f1a isla resurge. Cabr\u00eda entre las palmas de sus manos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sabe que no es m\u00e1s que una impostura, pero sonr\u00ede al verla, a\u00fan rodeada de abismos, pero ya no condenada. Mira a la ciudad y los ata\u00fades tienen ahora ventanas y puertas, algunas ya encendidas. El aliento de bestia hambrienta apenas se escucha, a lo lejos. Respira el silencio y su garganta logra no saborear su vomitivo olor.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa en llamarte, en contestar a tu mensaje. En qu\u00e9 palabras decirte para hacerte cambiar de idea. En si existir\u00e1n esas palabras siquiera. Y piensa, que antes de pensar en todo esto, deber\u00eda buscar un bar abierto y tomarse un caf\u00e9.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El rastrillo met\u00e1lico peina la arena de la peque\u00f1a cala con un exasperante ruido de piezas mal encajadas, chocando entre s\u00ed, que se mezcla con el del motor del tractor que lo arrastra. \u00c9l lo observa irritado desde el muro que separa la playa de la ciudad. 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