{"id":1,"date":"2021-08-30T13:26:36","date_gmt":"2021-08-30T13:26:36","guid":{"rendered":"http:\/\/writing.alejandronunez.com\/?p=1"},"modified":"2021-08-30T16:24:40","modified_gmt":"2021-08-30T16:24:40","slug":"el-sacrificio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/writing.alejandronunez.com\/index.php\/2021\/08\/30\/el-sacrificio\/","title":{"rendered":"El sacrificio"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ven conmigo &#8211; le susurr\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda tanto miedo que tuvo que apretar los dientes para no echarse a temblar. No pod\u00eda echarse a temblar. No pod\u00eda permitir que nadie se percatara de ese miedo que crec\u00eda dentro de ella, que nac\u00eda en alg\u00fan lugar entre sus tripas, y que sent\u00eda como una masa negra e informe que se extend\u00eda desde all\u00ed, amenazando con ocupar cada cent\u00edmetro de su peque\u00f1o cuerpo y anularla por completo. Ten\u00eda que empujar ese miedo de nuevo a su centro y mantenerlo ah\u00ed, de alg\u00fan modo.<\/p>\n\n\n\n<p>Levant\u00f3 la vista hacia la voz que le ped\u00eda que le siguiera. La figura que se encontraba de pie frente a ella no era m\u00e1s que un muchacho, de unos quince a\u00f1os (un par m\u00e1s de los que ella ten\u00eda). Tan solo un aprendiz de sacerdote. Vest\u00eda una t\u00fanica vieja y ra\u00edda, de la que no cab\u00eda duda que no era el primer propietario, y unas sandalias gastadas que a\u00fan le quedaban grandes. Record\u00f3 haberlo visto alguna vez, a\u00f1os atr\u00e1s, jugando con los otros ni\u00f1os del pueblo. No cre\u00eda haber cruzado nunca siquiera una palabra con \u00e9l, pero busc\u00f3 en sus ojos algo, no sab\u00eda bien el qu\u00e9, a lo que poder aferrarse y que la salvara de ese oscuro miedo que la apresaba. S\u00f3lo encontr\u00f3 la mirada de un ni\u00f1o que intentaba ser un hombre, tan lleno de dudas y que sab\u00eda tan poco como ella.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tras el muchacho estaba el camino que le tocaba recorrer. Veintis\u00e9is escalones de fr\u00eda piedra, finamente tallados por las manos de sus antepasados, cuyos nombres fueron hace tiempo olvidados. Veintis\u00e9is escalones que ascend\u00edan por aquella pir\u00e1mide, erigida en el centro del pueblo, en honor a la gran Diosa Aqhal. En su c\u00faspide, el altar, tambi\u00e9n de piedra, tallado por esos mismos hombres y donde ella iba a ser sacrificada hoy.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Agach\u00f3 la cabeza, en un gesto que podr\u00eda parecer de sumisi\u00f3n y aceptaci\u00f3n. En parte lo era. En parte era un modo de llevar su mirada adentro, concentrarse en que el miedo no se le escapara por la piel y se dejara ver a los ojos del resto. Se dispuso a seguir al joven sacerdote escaleras arriba.<\/p>\n\n\n\n<p>Subi\u00f3 el primer escal\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de su corta edad, siempre hab\u00eda venerado a los dioses. Ellos eran los protectores de los hombres. Imped\u00edan que el sol se apagase, manten\u00edan el equilibrio del mundo, hac\u00edan que el agua cayera del cielo para que las cosechas prosperaran. Proteg\u00edan al hombre, a pesar de su insignificancia, y por ello los hombres les deb\u00edan culto y obediencia. Era lo m\u00ednimo, era lo justo. El destino que para ella hab\u00edan escrito era \u00e9ste que se cumplir\u00eda al subir el \u00faltimo escal\u00f3n, y ella no pod\u00eda hacer otra cosa que aceptarlo. Sin embargo, el miedo no dejaba de crecer en su interior, ajeno a todo esto.<\/p>\n\n\n\n<p>Subi\u00f3 el cuarto escal\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El deseo de darse la vuelta y echar a correr la asaltaba a cada instante, como una orden que una voz dentro de ella le repet\u00eda una y otra vez: \u201cCorre con todas tus fuerzas, pi\u00e9rdete en la selva, donde nadie pueda encontrarte, y no vuelvas\u201d. Sab\u00eda que si lo hiciera, ser\u00eda en vano. No llegar\u00eda muy lejos, no se lo permitir\u00edan, y s\u00f3lo conseguir\u00eda traer la deshonra y la desgracia sobre su pueblo, su familia y sobre ella misma.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Subi\u00f3 el noveno escal\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pens\u00f3 en su madre. Pens\u00f3 en la mirada que ten\u00eda cuando la noche anterior la vio por \u00faltima vez, tras conocer la noticia de su elecci\u00f3n para el sacrificio. Una mirada ba\u00f1ada en l\u00e1grimas, que enseguida se escondi\u00f3 tras un abrazo tan fuerte que parec\u00eda que no podr\u00eda soltarse nunca. Vislumbr\u00f3 ahora tras esos ojos, que se dibujaban tan n\u00edtidos en su mente, un dolor y una pena infinitos, que le golpearon por encima incluso del miedo. Se consol\u00f3 con la idea de que, a partir de ahora, su familia ser\u00eda respetada en el pueblo y los dioses velar\u00edan por ellos. A pesar de perder a su \u00fanica hija, vivir\u00edan mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>Subi\u00f3 el d\u00e9cimo tercer escal\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pens\u00f3 en todo aquello que no llegar\u00eda a vivir. Los hijos que no tendr\u00eda, el amor que nunca conocer\u00eda y del que no sabr\u00eda si se siente tan hermoso como le hab\u00edan contado. Intent\u00f3 imaginarse a s\u00ed misma como la mujer que ya no podr\u00eda llegar a ser. Se lament\u00f3 de todo eso que la vida ya no podr\u00eda darle.<\/p>\n\n\n\n<p>Subi\u00f3 el d\u00e9cimo noveno escal\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El miedo se hac\u00eda cada vez m\u00e1s grande. A cada paso parec\u00eda hacerse m\u00e1s pesado, m\u00e1s dif\u00edcil de contener. Por un momento sinti\u00f3 el deseo de rendirse, abrazar ese miedo y que llegara hasta cada uno de los poros de su cuerpo. No se lo permiti\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Subi\u00f3 el pen\u00faltimo escal\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Un miedo se alz\u00f3 entonces por encima de todos los dem\u00e1s. El miedo a que sus miedos la hicieran indigna de los dioses. Que su sacrificio no fuera aceptado por ellos, que trajera consigo la desgracia en lugar de la prosperidad. Que su muerte fuera en vano. Se aferr\u00f3 a las promesas de esa vida eterna en la luz de lo divino que se promet\u00eda a los que eran entregados como sacrificio, para intentar disipar el miedo y presentarse frente al altar libre de \u00e9l. Se imagin\u00f3 a s\u00ed misma sentada junto a Aqhal, ba\u00f1ada por su luz, que limpiar\u00eda en ella cualquier resto de oscuridad. Dibuj\u00f3 un peque\u00f1o punto de luz con esta imagen en medio de la negrura que segu\u00eda pulsando y empujando en su interior. Se aferr\u00f3 con todas sus fuerzas a esa luz.<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 al \u00faltimo escal\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En la c\u00faspide le esperaba el sumo sacerdote. No levant\u00f3 la mirada ante \u00e9l, no estaba permitido. Vio sus pies limpios envueltos en unas elegantes sandalias de su talla, y el borde de una colorida t\u00fanica que sab\u00eda estaba repleta de hermosos e intrincados dibujos, representaciones de los dioses y sus ense\u00f1anzas. Ese hombre era lo m\u00e1s cercano a la divinidad que pisaba la tierra. Le hab\u00edan sido mostradas por los dioses las respuestas a todos los misterios. Hab\u00eda visto sus rostros. Era casi uno de ellos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras se tumbaba en el altar, sigui\u00f3 peleando contra su miedo, que a pesar de sus esfuerzos, segu\u00eda revolvi\u00e9ndose dentro de ella, martilleando su coraz\u00f3n y haci\u00e9ndolo latir cada vez m\u00e1s r\u00e1pido y m\u00e1s fuerte. Intent\u00f3 mantenerse agarrada a la esperanza y las promesas de salvaci\u00f3n, lo \u00fanico que ten\u00eda ahora, como el que intenta mantener una vela encendida en medio de un vendaval. Muy lejanas le sonaban las palabras del ritual que recitaba el sumo sacerdote, a su lado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando las palabras callaron, y ella supo que el cuchillo estaba en lo alto, se permiti\u00f3 mirar a los ojos al que lo sujetaba. Buscaba la confirmaci\u00f3n de que todo en lo que se basaba su esperanza era cierto, de que todo ir\u00eda bien. S\u00f3lo encontr\u00f3, en unos ojos m\u00e1s viejos, m\u00e1s cansados y quiz\u00e1 m\u00e1s tristes, la misma mirada de ni\u00f1o perdido que vio en el aprendiz de sacerdote, all\u00ed abajo, frente al primer escal\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>No grit\u00f3. No llor\u00f3. De su garganta no sali\u00f3 sonido alguno, ni siquiera cuando la daga atraves\u00f3 su peque\u00f1o coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8211; Ven conmigo &#8211; le susurr\u00f3. Ten\u00eda tanto miedo que tuvo que apretar los dientes para no echarse a temblar. No pod\u00eda echarse a temblar. 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